EL I-DO I EL JU-DO

(la verdadera medicina)

 

En el universo hay muchas espirales, todos los soles, planetas y todos los elementos giran en formas espiraloides producidas por la colisión de dos fuerzas antagónicas. Ante nuestros insuficientes y defectuosos sentidos aparecen como soles, u órbitas concéntricas de electrones, o electrones de naturaleza ondulante o difracciones de electrones, órbitas estelares, etc. en realidad son siempre espirales logarítmicas. Los centros de esos remolinos tienen todos características similares: calor, fuerza centrípeta, solidez, resistencia, mientras que su periferia tiene caracteres antagónicos: frío, fuerza centrífuga, flexibilidad, fragilidad; Yang y Yin, centro y periferia son dos antípodas, los dos polos del electromagnetismo: esa es la explicación cosmológica original que un día verificará la ciencia ultramoderna.

 

Esta es la constitución universal, cósmica y electrónica expuesta en la filosofía de Song-Tsé, y también en el principio de todas las escuelas del Do. Allí se encuentra el origen de la astrología y de todas las teorías dialécticas, trátese de Heráclito, Demócrito, Hipócrates, Lao-Tsé, Jesús, etc. mal entendidas, deformadas a  través de los siglos, desembocan en el misticismo, la superstición, la magia negra en el seno de grupos ideológicos supuestamente dotados de poderes sobrenaturales. La misma ciencia moderna es una forma nostálgica de la magia.

 

La Medicina de Extremo Orienta (I-Do) es una dietética macrobiótica. Cura todas las enfermedades fisiológicas y psicológicas por una simple dietética y nada más. No practica una sola operación sangrienta. La moxabustión, acupuntura, imposición de manos, etc. son sólo paliativos, tratamientos sintomáticos. La verdadera terapéutica es dietética. No es enemiga de la medicina occidental, ya que su meta es la de establecer la base fisiológica de la paz y de la libertad, política, económica y social, ¡pero ya no sería felicidad si necesitáramos más medicinas! No es sólo curativa, sino principalmente una medicina social y, más exactamente, una educación social. A todos enseña cómo vivir felices, sanos y libres, sin cometer las tonterías de las cuales la enfermedad es sólo el castigo purgatorio, enseña como practicar el Tao o el Do, según el orden –constitución dialéctico del universo, enseña como fundar un “saber vivir”, una ética y estética sobre la concepción global del universo y todo eso con simpleza y prácticamente. Nunca emplea instrumentos atroces, complicados u onerosos. Es una revolución individual permanente a través de la educación biológica y fisiológica cotidiana que se aprende con vivo placer.

 

Esta “otra medicina” que incluye la educación, la economía, la filosofía y la política, está muy cercana a la antigua diosa Higea. En china, Corea y Japón el gran médico llevaba un título muy justo: Koksyu, que quiere decir: la mano que conduce al pueblo hacia un estado libre y feliz.

 

El principio del Ju-Do del maestro Jigoro Kano: dominar al más fuerte, al más sólido por la suavidad no significa para nada matar o aniquilar al enemigo. Se trata, por el contrario, de hacer de él y de todo lo que le pertenece, un conjunto capaz de entrar en el mundo de la paz y de la libertad, donde ya no tendrá necesidad de atacar, de luchar con armas, ni de defenderse. El Ju-do es más bien un esfuerzo cooperativo o mutuo en el cual los antagonistas se perfeccionan los unos a los otros, esforzándose por alcanzar juntos la misma meta: la libertad y la paz. Es el espíritu de Abraham Lincoln en Gettysburg. La paz y la libertad no pueden establecerse sobre la supresión de una u otra de las partes antagónicas. El negativismo, exclusivismo, monopolismo y el egoísmo son siempre vanos e inútiles, todos llevan al suicidio por ignorancia. El menor exclusivismo es el mayor crimen en este universo que todo lo abraza. La historia nos da tantos ejemplos: todos los imperios se han establecido sobre la destrucción o la esclavitud de los antagonistas y ninguno ha podido sobrevivir a un siglo de paz.

 

Una medicina que no apunte a corregir los errores cometidos por el enfermo y que sólo ataque los microbios o virus, los síntomas fantasmagóricos, todos falsos enemigos: inflamaciones, secreciones irregulares, mal funcionamiento de los órganos, etc., sólo desarrolla una terapéutica paliativa, comportándose como un daltonismo espiritual. Continúa inventando productos diabólicos: el 606 de Ehrlich, las vacunas de Jenner, de Pasteur, la B.C.G., las sulfamidas, la penicilina, la estreptomicina, etc., como armas de fuego para exterminar un enemigo que se vencería más fácilmente corrigiendo al hombre inmoral o infeliz que, en realidad, es el único responsable. Es una maratón ridícula interminable entre la medicina y la enfermedad, donde aquella pierde siempre más y más, puesto que promueve la adaptabilidad de los microbios y aparecen nuevas enfermedades incurables, cánceres, enfermedades mentales o morales, de las cuales la guerra no es más que un síntoma derivado que amenaza toda la humanidad. EL I-DO (la verdadera medicina) así como el Ju-Do transforma en amigo al enemigo más poderoso y, con mayor razón, lo cura sin matarlo, sin forzarlo, sin utilizar arma alguna. Pudiendo el Ju-Do gobernar al más fuerte enemigo sin emplear instrumento alguno ¿por qué no podría hacerlo con el más pequeño de nuestros enemigos, el microbio, virus o cualquier elemento causante de la enfermedad? Y ¿por qué no los convertiría en amigo o en presencia inocua?.

Aprender el Ju-Do es desear tener una panacea práctica y fácil para curar los males, es aprender y comprender la eficacia y utilidad práctica del Principio de los Principios, el Orden del Universo. El Ju-Do con la “otra medicina”, es la puerta del mundo de la paz y la libertad: el Reino de los Cielos.

 

¿Practicaba el maestro Jigoro Kano tal medicina? Ya no hay medio de confirmarlo. Lo podríamos pretender ya que vivió con felicidad, una larga vida de casi 80 años y porque fue amado por todos y en todos lados y para siempre. Podría haber sido de aquellos dispuestos a vivir nuevamente sus vidas con el mayor placer, del comienzo al fin, sin modificaciones. Si no estamos dispuestos a ello es porque hemos vivido la vida de un esclavo infeliz o de un criminal. Kano realizaba sus deseos sin instrumento alguno y siempre fue respetado y amado, aún después de su muerte. Lo que equivale a decir que conocía el Tao o el Do, el Principio de los Principios, el Orden-Constitución del Mundo. Poseía la llave de la vida feliz, como todos los grandes maestros, sin la cual nadie puede vivir sin enemigos y amado por todos para siempre. Pero, paradójicamente y como dijo G.B. Shaw: el que sabe enseñar y el que podría enseñar no sabe.

 

El que gasta mucho tiempo en enseñar no dispone de bastante tiempo para aprender. Aprender, saber la teoría es yin, enseñar es yang, son antípodas. Es raro que uno sepa y sepa hacer saber al unísono, ya que ambas cosas se neutralizarían y eso sería imposible, porque cada uno de nosotros se compone de elementos yin y yang en proporciones variables, siempre dominando yin o yang.

 

No es necesario recalcar que cuanto más sabemos y más poseemos cualidades de enseñar, somos más felices. Ahora bien, según el orden del universo, conserváis biológica y fisiológicamente el yang en el fondo de vuestra constitución y el yin en la superficie. Si día a día desarrolláis y consolidáis esos dos medios a través de vuestra alimentación cotidiana, tendréis la mayor fuerza yang y el mayor yin. Es una imagen de la constitución en espiral logarítmica del gran arremolinamiento del universo, donde todos se produce, existe, se transforma y fenece para luego reproducirse. Es el reino de la libertad y de la paz. Quizá pudiéramos transformar un poco la frase de G.B. Shaw: “Podría ser que aquel que sabe, ayude a enseñar, y que sepa el que hace aprender” si tiene el “compás”. Ese compás es el Principio de la Vida, la Concepción del Mundo, el Orden del Universo, de la Naturaleza, de la Sociedad y del Hombre.

 

Nada es más fácil, el cuerpo es el centro o el ambiente interior; el mundo, el universo, es su periferia: ambos en realidad inseparables y sin delimitación. Cuando más vasto es vuestro campo de acción (medio ambiente exterior donde se extiende vuestra actividad centrífuga) más fuerte será vuestro centro, vuestro medio ambiente interior. Quien posea el más vasto campo periférico, el vasto yin infinito y la mayor concentración centrípeta yang, es un hombre feliz y libre. Kano tenía la constitución más yang en el centro y la más yin en la periferia, gracias a su madre que observaba el Orden del Universo. ¡En suma, Kano era el hombre más avaro y egoísta! Podría decirse que si pudierais poseer el mayor yang (avaricia, egoísmo, fuerza violenta), os sería posible tener un día el mayor yin y desarrollar la piedad, la filantropía, el amor. El mayor criminal puede convertirse en el mayor bienhechor. El amigo más débil no es más que uno de los enemigos más detestables. El enemigo puede ser el amigo necesario y preciso si podéis convertirlo en vuestro amigo, y eso depende de vuestra utilización del compás, el orden dialéctico del universo. Siempre descuidamos lo más importante, la línea de contacto de nuestros dos medios ambientes. Consideramos la superficie de nuestro cuerpo como nuestra propia periferia, nuestra frontera; pero eso es sólo una ilusión egocéntrica, precoperniciana. No hay frontera, no la hay entre pueblos, individuos, ni tampoco entre el individuo, ni tampoco entre el individuo y su medio ambiente, el mundo, el universo, y ninguna frontera separa la lluvia, el viento, el sol, el oxígeno, la energía, el tiempo y el espacio, pues todos ellos son los elementos más importantes de nuestra constitución.

Lo que crea frontera es la idea de la propiedad monopolizadora. Proviene del daltonismo y de la miopía espiritual o moral. Para ella el mundo está lleno de fantasmas hostiles. Es de origen fisiológico, un efecto del instinto borroso, de la adaptabilidad del instinto encadenado; no obstante es más bien una variedad fisiológica antes que una enfermedad. Eso no nos debe entristecer, es simplemente debido a que la actividad del centro (o fuerza centrípeta), insuficientemente fuerte, atrae a la periferia (fuerza centrípeta), insuficientemente fuerte, atrae a la periferia (fuerza centrífuga) más vasta y poderosa, a medida que crece el centro. Todo se combina a través de la constitución dialéctica del universo.

Lo primordial es asimilar los dos polos Norte-Sur, Este-Oeste, etc., como las extremidades opuestas de un todo. El enemigo es la razón de ser de la felicidad. Ninguna felicidad sin enemigo. La felicidad es la delicada suavidad, el frescor de la sensibilidad eterna que os acaricia cuando conseguís convertir un enemigo, o cuando podéis ver al enemigo, al adversario, como un amigo íntimo, fiel, eterno, precioso. Así era Kano.

Qué pena que hoy en día Ko-Do-Kan que significa: “la casa donde se aprende el Do, la Filosofía de Principio Unificador, el Orden del Universo infinito y absoluto” ya no lo mencione más ni lo enseñe. Ahora es sólo un centro deportivo. Esa es la fatalidad dialéctica.

 

(Extraído de el “EL LIBRO DEL JUDO” de Georges Ohsawa.)

 

JU: suave, suavidad.  DO: camino, vía, doctrina.

Escrit en català, JU-DO.pdf

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