He aquí un articulo del Dr. Humberto García Igarza que después de leerlo me a parecido interesante y quiero compartirlo aquí con todos vosotros por así juntos comprender un poquito más que es “La Salud” que tanto deseamos y tan poco cuidamos… (En Macrobiótica la salud es una fuerza brillante (yang) y cuando esta fuerza (energía) desciende aparece el estado contrario, la enfermedad (yin). Los macrobióticos comprendemos que la salud es un gran regalo otorgado a los que se esfuerzan por alcanzarla, y ningún médico puede otorgar esta salud brillante. El verdadero médico debería educar al paciente para que este logre por sí mismo desarrollar su enorme capacidad vital e inmunológica. I aquí entra la macrobiótica que es una vía que lleva al encuentro del hombre con la ilimitada fuerza vital que mueve el Universo. Una vez conectados con esta energía del Universo la enfermedad es desalojada por completo y sin violencia. La salud es la vida, la felicidad y la alegría de vivir…) Bien, no me alargo más… Ahí va el escrito:

 

En medio del miedo, la depresión, la desesperanza y el materialismo, que prevalecen en este tiempo, va surgiendo, casi imperceptiblemente y por debajo, atisbos de otra manera de vivir que busca, al borde del abismo, la recuperación de una humanidad que se siente a sí misma, desfallecer.

Alertar este impulso, crear el puente que supere el abismo, es de suma importancia ya que todo lo que pueda hacerse por él, es urgente. Es por ello que con entusiasmo y resuelto acepto el desafío de colaborar en el restablecimiento de la salud.

Claro que doy a la palabra salud la significación que hoy proclama la Organización Mundial de la Salud, “…como un estado de óptimo bienestar bio-psico-social y económico de un ser humano en relación con su medio ambiente…”

 

Ojalá la Salud fuese el Ideal de todo ser humano, ya que sin ella nos veremos sometidos a todo clase de calamidades.

En los idiomas anglosajones la palabra “salud” significa en esencia: “totalidad”, también proviene de la misma raíz que “total”, y “sano” y “sagrado”. En muchas religiones, “totalidad” y “salud” son equivalentes a “religión”, término que según lo expresado por el teólogo Paul Tillich, también tiene la misma etimología. La palabra “salvación” deriva del vocablo latino “salvus” que significa “cura” y “todo”. En The Meaning of Health (El significado de la Salud) Tillich nos dice que: “La salvación es básica y esencialmente la cura, el restablecimiento de una totalidad que se ha roto, interrumpida, desintegrado.”

En la antigüedad los encargados de la salud, fueron médicos, sacerdotes, chamanes, curanderos, brujos, eran hombres consagrados, lo que es lo mismo que decir que eran hombres dedicados a ser videntes, y a testimoniar lo luminoso y lo tremendo que estaba viviendo alguien a través de su crisis. Hoy no hablamos de “crisis” hablamos de “enfermedades”, pero para los antiguos no habían “enfermedades”, sólo habían enfermos. Cada enfermedad era única y personal, y tenía que ver con las características propias del que la padecía, además era un mensaje que debía ser descifrado por alguien que mantuviera ese contacto con lo luminoso.

Tarea que exigía el sacrificio, ya que para ser un curador, no sólo el descenso al infierno formaba parte del itinerario iniciático, sino la renuncia a todo aquello que podía interferir con su oficio sagrado.

El curador, el verdadero médico, era un hombre de conocimiento. Disciplinado, respetado como un hombre inspirado, alguien que era capaz de escuchar lo sobrenatural. Este es elemento sagrado del arte, y así fue considerado no sólo por los griegos, sino también por todas las grandes y pequeñas culturas de la antigüedad. Por eso la curación, la medicación, la sanación es un arte, el arte de curar. El arte de reintegrar a la persona a la totalidad. Sanador es aquél que revela la vida en verdad y belleza, en esto consiste el arte de curar, en poder comprender la totalidad de la situación y orientarla hacia la totalidad del ser mismo.

 

Para los pueblos arcaicos, esos pueblos con hombres cuya sabiduría debiera llenarnos de asombro y admiración, no se era sanador por decisión propia, como si un artista pudiera ser un proyecto que uno o cualquier otro pretende para sí mismo, el sanador es elegido, es una vocación que le llega; exige la intervención de lo sobrenatural.

 

En nuestra sociedad que exalta el materialismo, la banalidad, la competencia, el éxito y los valores económicos, el arte de curar también está contaminado. Es necesario restituirlo, recuperarlo, devolverle su lugar sagrado, alerta los caminos que aquellos con su ejemplo indicaron, verdaderos sanadores que merecen el nombre de artistas en el arte de curar. Sin el ejemplo y el vigor de estos hombres, este antiguo arte no podrá sobrevivir.

A todos ellos que sienten la necesidad de restituir este arte, es a quienes dedico estas palabras, pero debes saber, que restituir este arte no es sólo responsabilidad de los profesionales de la salud, sino que, todos aquellos que padecen enfermedades, o tienen cerca de alguien padeciéndolas, pueden colaborar en restituirle la salud al arte de curar.

Tal vez te preguntes ¿Cómo puedo colaborar? Es muy simple, estando atento a ti mismo, a cómo es tu estilo de vida, tus objetivos, tus metas, tu alimentación, tu sistema de comunicación, tu efectos, tus ideales.

 

La historia de dos hombres que actuaron de manera muy distinta frente a una enfermedad fatal, puede ilustrarnos al respecto: Uno de los hombres dejo de trabajar prácticamente el mismo día que recibió el diagnóstico, pasaba durante todo el día frente el televisor, ni siquiera deseaba ir a pescar, lo que siempre le había agradado mucho. Murió al poco tiempo.

El otro hombre adoptó una actitud diferente, pese a que hacía más de un año que estaba enfermo, sólo faltaba al trabajo unas pocas horas cuando el tratamiento así se lo exigía. En el comienzo de su enfermedad, se había puesto en contacto con varias cosas que le habían quitado sentido a la vida. Después de una profunda y dolorosa reflexión comenzó a tener más contacto con su familia, a tener otro tipo de relación con ella y a llevarla con él cuando debía realizar algún viaje de negocios. Un día confesó “me había olvidado de mirar los árboles. Durante mucho tiempo no reparé ni en los árboles, ni en las flores, ni en la naturaleza, y ahora sí lo hago”. Era muy interesante observarlo. Todas las semanas mejoraba, se fortalecía y se lo veía más sano. Al cabo de un tiempo se recuperó completamente.

 

En nuestra cultura, a la salud se la ha considerado como la ausencia de enfermedades, y a la enfermedad se la ha considerado como una calamidad que nos golpea desde afuera. Si la enfermedad es seria (terminal), la vida se termina. Si no es seria, es un inconveniente que debemos soportar con la ayuda de medicamentos paliativos. Es un hecho que nuestra cultura considera la evolución de la medicina como la supresión definitiva de todas las enfermedades que habitan en la superficie del planeta.

Tal modelo de salud nos fue inculcado desde la llamada medicinal científica, la que consideró a la salud como la ausencia de enfermedades.

 

Desde otro punto de vista, a la enfermedad se la puede tomar como a un maestro. Un maestro que nos alerta. Un maestro que nos señala que hemos roto la armonía, y nos solicita que reflexionemos sobre nuestra vida, sobre nuestras distintas relaciones, sean estas familiares, laborales, sociales y también y muy especialmente sobre la relación con nosotros mismos, y sobre nuestros esquemas de valores. En algunos casos, las crisis de una enfermedad nos abre la puerta a la revalorización de la vida, a veces nos pone en contacto con la espiritualidad. Al enfrentarnos con nuestra propia muerte, nos vemos impulsados a hacer una suerte de inventario y a replantearnos el concepto de felicidad, y el sentido de nuestra vida. Con frecuencia, como resultado en el ejemplo del segundo hombre de nuestra historia, este proceso de revalorización, produce una purga que lleva a despertar en el interior los mecanismos necesarios para la curación.

El terapeuta holístico Charles Steinberg, considera que todos nuestros síntomas, son metáforas que nos señalan lo que se encuentra en desequilibrio en nuestra vida. Cuando descubrimos el significado simbólico de nuestros síntomas, frecuentemente podemos prever cuál será el próximo paso en el proceso terapéutico.

 

La vida es un proceso dinámico y siempre cambiante, todos transitamos por estados cambiantes, podríamos sin temor a equivocamos decir que permanentemente sufrimos estados de equilibrio y desequilibrio, y que es gracias a estos cambios que obtenemos aprendizaje. De hecho muchas funciones psíquicas se desarrollan gracias a estos desequilibrios, ya que exigen un gran nivel de adaptación para restablecer al estado de homeostasis.

Actualmente, y afortunadamente, la Organización Mundial de la Salud ha hecho un cambio sustancial en la definición de salud y nos dice: “…la salud es un estado de óptimo bienestar bio-psico-social, económico…”

Si nos atenemos a esta definición, comprenderemos cómo la salud nos atañe a todos, sean médicos, economistas, farmacéuticos, políticos, nutricionistas, psicólogos, sociólogos, educadores, etc., pero es importante saber, que aunque desde los gobiernos, se ocupan de “salud”, lo hacen respondiendo a los grandes intereses multinacionales, desde donde se promueve un estilo de vida y una medicina que tiende sólo a sostener el modelo imperante. Modelo que pretende ser una panacea milagrosa para todos los males, cuando en realidad las situaciones sociales en todos sus niveles ha empeorado, y en donde la verdadera salud les importa muy poco.

 

Por eso es responsabilidad de todos el restituir un estilo de vida que promueva la salud y no la enfermedad. Quizás pienses que se promueva la salud, pero puedo afirmarte que no. Si simplemente piensas en el estrés al que te ves sometido a cada instante, si piensas en la inseguridad en la que te toca vivir, en la deshumanización que ves por todos lados, en la corrupción, que es una enfermedad del alma, en la contaminación, no sólo ambiental, sino alimentaria y medicamentosa, en el estilo de vida que surge de este afán de violencia, que en vez de sentirnos parte de una humanidad floreciente, nos hace sentir como integrantes de un gran loquero, donde cuando no te hace falta un tranquilizante, necesitas esconderte detrás del humo de alguna droga, o en el trago de algún alcohol.

 

¿Todavía piensas que se promueve la salud? Recuerda: la salud requiere esfuerzo y modificar el estilo de vida, requiere de una toma de conciencia, si tal no ocurre estamos condenados a enfermarnos, además de ser transmisores de esta enfermedad a los demás.

 

Por una acción lógica a un estado de excitación le sigue un estado de depresión, ya sea biológico o psíquico, por lo tanto una persona sometida a una presión y excitación prolongada está haciendo uso de todas sus reservas energéticas y adaptativas para no enfermar, pero cuando estas reservas disminuyen, los desequilibrios psicobiológicos serán considerables y por ende, se enfermará gravemente.

 

Las causas más promocionadas por la actualidad científica de las enfermedades son: vida sedentaria, estrés, tabaco, alcoholismo, drogas, medicamentos, alimentación defectuosa, alineamiento, falta de metodicidad y otros… 

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