A veces queremos cambiar y pensamos qué técnica seguir para lograrlo. En esta búsqueda nos olvidamos que primero tenemos que aprender a tomar conciencia de cómo realmente estamos ahora y por ende lo que deseamos cambiar. La interferencia primordial en el proceso de nuestras vidas es la disminución de nuestra conciencia. Conciencia es nuestra experiencia de lo que nos está sucediendo y la disminución de la conciencia nos empobrece. Fuera de contacto perdemos la capacidad de resolver los problemas de nuestra vida y de encontrar las satisfacciones que necesitamos. Investiguemos cómo funcionamos en el mundo y cómo podemos funcionar más a tono con nuestra naturaleza. Enfrentemos los hechos de nuestras vidas que nos hemos ocultado. El cambio se presenta cuando uno llega a ser lo que es, no cuando se trata de ser lo que no es. Las cosas cambian al ser descubiertas. Al traer a nuestra conciencia aquello que constituye nuestra existencia en ese momento de nuestras vidas, hacemos posible el cambio. En este proceso se requiere conciencia de nosotros mismos y contacto con todos los momentos presentes de nuestra existencia.

 

Al expandir nuestra conciencia nos encontramos con que nuestras necesidades son más sencillas y más realistas que lo que nuestras frustraciones nos han hecho creer y así intentemos probar nuestro métodos de pensamientos y de acción para sustituir los que empezamos a encontrar inadecuados.

 

Solamente poniéndonos en contacto con lo que sentimos y con nuestra realidad, empezamos a clasificar nuestra vida y aparecen “nuestras” respuestas descubrir nuestros más íntimos sentimientos y  convicciones. Aquí se empieza abrir el camino a seguir y que tendrá que volver con lo que somos y no con lo que debiéramos ser.

 

Es importante ver que todo existe en el presente. El pasado sólo existe como parte del presente (recuerdos, cosas que pienso que son del pasado) y que nos sirve, pero es una idea que se manifiesta en el AHORA. El futuro es sólo lo que presagiamos que pasará.

 

Esta fantasía del futuro puede producirnos estrés y angustia, ya que es un desafío que no existe y no podemos actuar y desarrollar cierta actividad de hacerle frente. Por eso aprendamos que muchas veces estamos ocupados con fantasías catastróficas no reales y perdemos de tener conciencia de lo que realmente está sucediendo ahora. Nuestro cuerpo, por otra parte, comienza a responder a las fantasías en lugar de la realidad y este derroche de energía puede perjudicarnos en otras actividades que tengamos que realizar.

 

A veces nuestra alerta se ubica entre fantasía y realidad. Por ejemplo, hablando con alguien comenzamos a imaginar una situación molesta que puede darse. Con mis respuestas a la realidad están contaminadas con las respuestas a la fantasía que paralelamente programo. Mi energía se reparte entre expresar mi idea e inhibirla por temor a que se produzca la situación arriba mencionada.

 

Esto lleva a que nuestra conciencia esté dispersa y no nos demos cuenta en detalle de nuestro aquí y ahora.

 

Si aprendemos a darnos cuenta de nosotros mismos y del mundo, vamos a tener respuestas creativas donde ambos estarán integrados. La vida está aquí y ahora, no necesitamos ir a otro lugar, o encontrar otra persona, o tener otra cosa. Que nuestra conciencia esté activa.

 

¿Qué hay aquí que todavía no me di cuenta?

 

Perdemos demasiado tiempo de nuestras vidas planeando cosas que nunca llegarán y estando preocupados de cosas que tal vez nunca sucederán.

 

Las fantasías pueden ser importantes en la medida que no perturben nuestra conciencia y no nos hagan escapar de la realidad.

 

Debemos recordar que los riesgos y las experiencias desagradables son parte necesaria para desarrollarnos y nos ayudan a tener mayor contacto con lo agradable de nosotros mismos y de nuestro entorno. A veces temiendo ser rechazados, perdemos la posibilidad del encuentro, de la alegría, del amor, de la risa, del reconocimiento.

 

Vivamos nuestra experiencia íntegramente. No dejemos de sentir, mejor dicho de tomar conciencia de lo que sentimos para que no estemos demasiado confundidos en un mundo de palabras.

 

También aquello desagradable tenemos que vivirlo plenamente, eso nos da fuerza. Si lo evitamos reducimos nuestra conciencia y comprensión, y sumamos confusión a las dificultades, estamos más inseguros y aparece un estado de molestia que sólo desaparece al enfrentar la situación.

 

Al vincularnos conscientemente, comprendemos más y entramos en un estado de mayor libertad porque tenemos mayor poder sobre nosotros mismos. Al principio experimentamos más sufrimiento al hacer frente a la vida directamente, pero éste será breve. Cuando seamos capaces de decir “esto me hace sufrir” descubriremos el origen del problema y a partir de este instante comenzaremos a sentirnos más liberados.

 

Otra cosa que nos ayuda a descubrir lo que experimentamos en este momento es observar la imagen que tendemos a construir de cómo somos y de cómo son las cosas.

 

Esa imagen nuestra en cierta medida es real pero hay aspectos de nosotros mismos que no coinciden con dicha imagen. Para descubrir partes de nuestras experiencias que son desconocidas, tenemos que tomar distancia de ella. Toda imagen nos da por anticipado lo que podemos sentir o no. Por ejemplo si nuestra imagen es de una persona fuerte, rara vez dejaremos aparecer sentimientos de debilidad en circunstancias que nos despierten esa emoción. Una imagen fuerte de nosotros mismos llevará a que seamos seres rígidos y predecibles ya que estamos identificados con una idea en lugar de hacerlo con la realidad de los sentimientos y experiencias de ese momento. Una vida plena es aquella que vive cada instante tomando conciencia de cómo son los hechos.

 

En el aquí y ahora aparece nuestro pasado como imágenes perfectas pero no son sucesos en si mismos y por ello estas memorias son diferentes de lo que realmente sucedió. A veces ocurre que algunas personas están tan comprometidas con dichas imágenes que no asumen una responsabilidad con el presente. Tal vez estén satisfaciendo alguna necesidad de sus vidas con el allá y entonces, cuando el camino a seguir sería investigar y preguntarse: ¿Qué me pasa, qué me falta, de qué no me doy cuenta, a qué no me animo?

 

Puede ocurrir que el recuerdo sea desagradable e igual esté el compromiso con el pasado.

 

Esto indica que algo en nosotros necesita ser elaborado y concluido. El dolor en la vida debe procesarse: hay que temblar de miedo, sentir la tristeza, y llorar la culpa.

 

Crecer es descubrir que muchas cosas son posibles en el presente y que hay muchas maneras de relacionarnos con el mundo. Nuestra dificultad reside en que todas aquellas premisas que incorporamos como únicas verdades y todos aquellos mensajes grabados a lo largo de nuestras vidas no nos permiten vernos como seres inmensamente capaces y ver que nuestra existencia está llena de alternativas.

 

Vivimos como hipnotizados con fantasías de que casi nada es posible. Actuando así dejamos de relacionarnos auténticamente con la realidad. ¿Qué pasaría si intentásemos otra cosa? ¿Cuál es el riesgo? ¿Quiero yo correrlo?

 

Todo proceso implica romper algo, la semilla muere para dar paso a la planta. Cuando niños, la magia estaba en todas partes y ésta la pedimos en el mundo de las máscaras.

 

¿Por qué no ver que en nuestra realidad hay un niño con todas las potencialidades vitales que no logramos realizar en la vida adulta y son semillas que no mueren?.

 

Hagamos que se encienda todo lo que tiene que consumirse para que no queda demasiada vida sin vivir.

 

Es importante aquí ver el papel que juega la honradez. Ser honestos con lo que sentimos, o sea con nosotros mismos y una vez que aprendamos esto, hacernos responsables de ello.

 

Sigamos el camino de aprender a relacionarnos sin imágenes y sentir que todo lo que recibimos está dirigido a lo que realmente somos. De esta manera dar mensajes claros de nuestra conciencia de lo que sentimos, de lo que necesitamos, de lo que nos agrada y desagrada. El otro puede responder así, a nuestros deseos auténticos. ¿No haría esto que la distancia entre las personas fuese menor? ¿No disfrutaríamos más de todo acto de amor? ¿No jugaríamos sin temor a ser juzgados?

 

¿Dejaríamos de pedir comportamientos falsos? ¿No desaparecería en gran parte los resentimientos?

 

AQUÍ Y AHORA: es crear una nueva forma de vivir. Descubrir las necesidades y satisfacerlas adecuadamente.

 

No es evitar el pasado y el futuro, ya que todos los placeres y desplaceres de nuestra vida se repiten aquí y ahora.

 

Es establecer relaciones más auténticas y más profundas.

 

Es vivir intensamente la vida.

 

“No quiero cambiarte. Tú sabes mejor que yo lo que te conviene.

 

“No quiero que me cambies. Quiero de verdad, que me aceptes y respetes mi forma de ser.

 

“Así, podremos establecer una relación rica, basada en la realidad y no en un sueño”

 

Susan P. Schults

 

La vida es una cita sagrada y sólo la conocemos cuando estamos atrapados en cada instante.

 

Ser Humano es estar consciente de nuestra presencia en la tierra.

 

Cuando descubrimos la vida auténtica sentimos que el sol es un regalo, la lluvia y la brisa son un regalo, las estrellas y las flores son un regalo, que cada instante es un regalo y que la vida también lo es. Ante una adversidad tendremos donde refugiarnos: en la serenidad que surge de vivir una vida consciente.

 

Elena Fernández Murias

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